Enrique Dans defiende que es mucho más coherente prohibir aquellas que no cumplan con la legislación europea de privacidad para todos los usuarios.
A raiz que el gobierno británico haya anunciado la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años que afectaría a servicions como TikTokm Snapchat, Instagram, Facebook, X o YouTube, el experto en tecnologías de la información y profesor de Sistemas de la Información Enrique Dans, en un artículo publicado en su blog, afirma que «esta es una salida tramposa». Asegura que la solución, por tanto, no es prohibir las redes sociales a los adolescentes. si no algo «bastante más incómodo, pero mucho más coherente: prohibir todas las redes sociales que no cumplan estrictamente con la legislación europea de privacidad, para todos los usuarios».
Dans escribe que «a primera vista, suena a decisión valiente. En realidad, es el tipo de medida perfecta para gobernantes que necesitan un titular: trata el sarpullido mientras deja intacta la infección. Y sabiendo como sabemos que ese tipo de prohibiciones no funciona, y que los jóvenes, en la práctica, van a seguir usando las redes sociales, estas medidas son, simplemente una estupidez». Para este experto, «el problema no son los adolescentes», que, como mucho, «son el grupo en el que la enfermedad se manifiesta de forma más visible, más dramática y más incómoda para las familias. Pero la enfermedad es otra: un modelo industrial de extracción de atención basado en vigilancia masiva, perfilado psicológico, publicidad hipersegmentada y diseño adictivo. Un modelo que no pregunta cómo conectar mejor a las personas, sino cómo mantenerlas más tiempo mirando una pantalla, más irritadas, más polarizadas, más ansiosas, más predecibles y, sobre todo, más monetizables».
«Una salida tramposa»
Entre otras cosas, Dans insiste en que «prohibir el acceso de los menores es una salida tramposa. Permite a los políticos decir «hemos hecho algo» y buscar el aplauso fácil y populista de los ignorantes, sin enfrentarse al núcleo del problema: unas plataformas que no deberían poder operar así ni para un niño de trece años, ni para un adulto de cuarenta, ni para un jubilado de setenta. ¿O acaso la polarización política, la desinformación, las teorías conspiranoicas, la crispación social, la manipulación electoral o la degradación sistemática de la conversación pública son patologías adolescentes? No: son síntomas sociales de una infraestructura diseñada para maximizar el tiempo de exposición y la reacción emocional».
En otro artículo publicado tiempo atrás, el pasado 30 de enero, Dans afirmaba que «a estas alturas deberíamos tenerlo ya muy claro: las redes sociales no son una promesa incumplida, sino un error histórico prolongado artificialmente por intereses económicos colosales. Ya no conectan personas, no informan mejor, no fortalecen la democracia ni aportan valor social alguno que no esté contaminado por vigilancia masiva, manipulación sistemática y un modelo de negocio basado en exprimir hasta el último resquicio de la condición humana».
Crédito imagen: www.enriquedans.com










