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“Me convertí en periodista por vocación y lo dejo por la sobrexplotación”

Una periodista andaluza relata en Twitter el trato inhumano que recibió de la empresa hasta ser despedida y obligada a ir a los tribunales para reclamar sus derechos. Una infamia cotidiana.

Mi último trabajo, en un medio de comunicación regional, me provocó un trastorno ansioso depresivo. De los tres años que trabajé para esta empresa, el primero fue a jornada parcial y sueldo minúsculo y los dos últimos a jornada completa pero con un personal tan reducido que se limitaba a dos redactores para realizar el periódico, piezas del informativo televisivo y web (evidentemente el sueldo tampoco había dejado de ser precario, con pagas prorrateadas, a pesar de que las horas trabajadas eran muchas más de las estipuladas)

Todo este tiempo tuve un contrato como ‘locutora’ y con un nivel de estudios muy por debajo del real, ya que siendo Licenciada en Periodismo figuraba que tan sólo tenía educación secundaria.

Solicité varias veces la regulación de la categoría profesional y el nivel de estudios. Desde Recursos inHumanos hicieron oídos sordos, porque claro… a un Licenciado hay que pagarle mucho más por convenio.

Volviendo al tema de la ansiedad, todo comenzó con la pandemia. Ya sabemos que el mundo se paró en seco para todos, pero los medios tenían que seguir produciendo información a diario a pesar de que instituciones y administraciones siguieran con el freno de mano echado.

Producir variedad de dónde no había más que cifras de contagio y, recuerdo, siendo tan solo dos redactores. Aun así salimos adelante y conseguimos llegar hasta finales de julio del año pasado con vida después de doce largos meses sin parar

Y es que esta empresa, de entre todas las irregularidades que cometía y seguirá cometiendo, está la de obligar a sus redactores a agotar todos los días de vacaciones en el mes de agosto ya que es cuando a la propia empresa le conviene porque no sacan el periódico impreso.

Doble ahorro para ellos. Tras la vuelta del mes de semidesconexión, y digo semi porque ya llevaba varios meses precisando de medicación por insomnio y ansiedad, el dueño y “señor” empresario tuvo a bien llamarme a una reunión.

Un encuentro en el que no hubo ningún agradecimiento por mantener el nivel de trabajo en unas condiciones tan duras como fueron los meses previos. Ningún halago por sacar el trabajo a diario estando bajo mínimos, ninguna palabra de ánimo o reconocimiento. Todo lo contrario.

Su discurso se centró en destacar mi bajo rendimiento en temas redactados en el periódico… obviando que yo era la misma persona que se encargaba de mantener la web actualizada durante todo el día y además la reportera que salía a la calle para grabar las piezas del informativo diario en la capital. Palabras como “decepción”, “esperábamos más de ti”, “para trabajar menos ya lo único que puedes hacer es irte a un gabinete”.

Palabras que, después de lo que ya llevaba soportado, me hicieron sentir minusvalorada al máximo. Sentí un maltrato emocional enorme al salir de aquella reunión en la que mis últimas palabras fueron “decidme que queréis de mí y eso haré”.

Tras el encuentro la presión aumentó y las dosis de la medicación también lo hicieron. Acababa cada jornada con un nudo en la garganta y padecía insomnio sabiendo que al día siguiente todo sería igual o peor.

Me esforcé después de la reunión en sacar temas firmados diariamente en el periódico y de seguir realizando mis presencias para él informativo cada vez que se me requerían.

La directora del informativo provincial de hecho celebraba mucho mi trabajo y me felicitaba reiteradamente. Estuve así hasta finales de octubre, cuando notaba que mi ansiedad ya se había desbordado. Decidí ir a mi médico un viernes, después de una jornada de trabajo bastante intensa, ya que comenzó con una llamada a primera hora para concertar un nuevo encuentro con el dueño y “señor” empresario.

Una reunión a la que no pude asistir, y lo especifiqué en la llamada que recibí desde Recursos inHumanos, porque tenía que dejar bastante trabajo hecho en mi redacción en Cádiz de cara al fin de semana; así que les invité a que fueran ellos quienes se desplazaran desde Jerez, donde tienen la oficina central, a la capital. Durante esta conversación telefónica sufrí un ataque de ansiedad que fue percibido por mi interlocutora. Sin embargo ese viernes nadie apareció por mí redacción ni nadie llamó para preguntar por mi estado de salud.

Tras dejar mi trabajo hecho y sin noticias por parte de la empresa, decidí ir a mi médico a contarle como me sentía. El nudo en la garganta, las ganas de llorar, la dificultad para respirar… Lo vio claro. Había tocado fondo y necesitaba parar, así que me volvió a cambiar la medicación, me dio de baja y me derivó a Salud Mental. Cómo era viernes a última hora de la tarde dejé para el lunes el envío del parte de baja a la empresa.

Sin embargo, para mi sorpresa y la del resto de compañeros, ese lunes a primera hora llegaron desde Jerez con una carta para mí de despido disciplinario por bajo rendimiento.

Una carta con tan poca base que incluso mi compañero (mi director) la rechazó e hizo constar verbalmente que no estaba de acuerdo con nada de lo que la carta exponía ya que, siendo mi supervisor directo era quien mejor conocía mi rendimiento y se mostró muy molesto porque nadie le había consultado nada y la decisión se había tomado unidireccionalmente desde Jerez. La carta tenía fecha del viernes anterior, es decir, un viernes que yo estuve trabajando. Pero lo que no sabían es que yo también tenía una baja con la misma fecha del despido. Para quienes no estén puestos en los tipos de despidos que existen, el disciplinario es el peor ya que culpa al trabajador, no deja derecho a indemnización y puede hacerse de forma inmediata.

No obstante es muy difícil demostrar un bajo rendimiento cuando existen miles de páginas de periódicos firmadas con mi nombre y apellido, múltiples presencias mías en tv y un sistema cms que recoge el número exacto de publicaciones en web durante los últimos tres años

De hecho, al comprobar el número de entradas subidas por mí durante tres años multiplicaba por más de diez las subidas por el supuesto director de contenidos de Jerez, uno de los trabajadores más longevos en la empresa pero no tan productivos a simple vista.

Se ha peleado hasta el final, ya que el juzgado nos citó para hace justo una semana. Y aunque finalmente se llegó a un acuerdo económico antes de entrar a la sala, lo cierto es que no me siento para nada conforme con eso. Porque el dinero es lo que es, la fórmula que este sistema inventó para tenernos atados de pies y manos.

Me quedé con las ganas de ver al dueño y “señor” empresario sentado en un banquillo intentando explicar cómo miente a sus trabajadores, como no paga las licencias de los programas,como obliga a mentir en el parte de horas, como mira hacia otro lado a cuando hay que hablar de horas extras, como ningunea a su plantilla y se siente superior, como es capaz incluso de mandar a mitad de la jungla a un simple cachorro con problemas de corazón…

Continúa en: https://twitter.com/FaniEscoriza/status/1547551562180038657

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