De los 25 periodistas y trabajadores de medios de comunicación asesinados en lo que va de año en América Latina y Caribe, diez lo fueron en México, más otro mexicano muerto en Estados Unidos, cinco en Guatemala, cuatro en Honduras, tres en Brasil, uno en El Salvador y uno en Venezuela, según los registros de Ciap-Felap, reportados por América Latina en Movimiento (Alai).
La impunidad y la impotencia de quienes reclaman justicia marcan todos estos asesinatos, como viene ocurriendo desde hace décadas. La mayoría de los crímenes se cometieron en México, donde el Estado se ha mostrado incapaz de garantizar efectivamente la integridad de los informadores, según las organizaciones del sector. La última víctima fue Pedro Tamayo Rosas, asesinado el 20 de julio en el estado Veracruz, pese a estar «protegido” por un mecanismo oficial de protección del Estado destinado a periodistas y activistas de DDHH. Tamayo se desplazó un tiempo a Tijuana, pero a su regreso a Veracruz se le asignó una vigilancia esporádica de policías.
Las organizaciones de periodistas mexicanos Fapermex, Club Primera Plana, Colegio de Licenciados en Periodismo y Felap-México afirman que «desde 1983 las libertades de prensa y expresión tienen 252 víctimas mortales, entre ellos 220 periodistas; 8 trabajadores de prensa; 13 familiares; 8 amigos de comunicadores y 3 víctimas casuales”. Además, en el mismo período registran 26 víctimas de desaparición forzada».










