“Muchos periódicos abrían con las consecuencias de los atentados de Bruselas y no mencionaban Lahore, cuando las víctimas de aquí y de allí murieron en manos del mismo fanatismo, de la misma barbarie.” El periodista Josep Carles Rius analiza este tratamiento informativo en “eldiario.es” y pone en evidencia la negligencia de los grandes medios españoles y cuestiona el distinto valor dados a unos y otros muertos.
Rius señala que “aunque fuera así; aunque los periódicos tuvieran la intuición de que estas víctimas importan mucho menos a sus lectores que las ‘nuestras’, las de Occidente, su deber ético sería contarles la relevancia del atentado de Lahore. Ponerlo en contexto. Explicar que todas las vidas, las de aquí y las de allí, valen lo mismo.”
Ese cuestionamiento lleva al periodista a considerar que “las portadas de algunos periódicos ya no pueden ser consideradas como expresión del periodismo, si no de propaganda en favor de unas determinadas opciones ideológicas. ABC o La Razón son el paradigma, pero es un mal generalizado y en los diferentes ecosistemas mediáticos de España encontramos ejemplos parecidos. Antes no pasaba nada, existía impunidad, pero hoy los periódicos que silenciaron el atentado de Lahore tienen que aguantar durante veinticuatro interminables horas el oprobio de ver como las redes, e, incluso los telediarios, reflejan la conmoción por una tragedia que no supieron, o no quisieron, valorar.”
Asimismo, les reprocha más alla de la falta ética su alejamiento de la realidad del público: “La mayoría de los periódicos decidieron que el atentado de Lahore no era relevante. Pero el paradigma ha cambiado. Una parte importante de la sociedad ya no pone su visión del mundo en manos de un periódico, sino que configura su propia percepción de la realidad a partir de múltiples fuentes.
Son los ciudadanos quienes eligen qué deben saber y cuándo; la jerarquía de los hechos y, especialmente, su trascendencia y relevancia para sus vidas.
Los periódicos vivieron durante doscientos años en una torre de marfil, desde la que establecían la jerarquía de los hechos, fijaban opiniones, decidían qué salía a la luz pública y qué no. Tenían el poder. Encarnaban la opinión publicada que configuraba, después, la opinión pública. Pero todo esto es historia.
Hoy la opinión publicada y la opinión pública se han transformado en la opinión compartida. Y para muchos ciudadanos el atentado de Lahore sí fue relevante. El día 28 de marzo del 2016 no fue un buen día para la prensa escrita. Fue un día en el que se agrandó la brecha entre los diarios y una parte cada vez más importante de la ciudadanía.”
Artículo completo en: http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/olvido-Lahore-portadas-crisis-prensa_6_499460071.html










