Los capitales que se aventuran en el negocio de la comunicación suelen ser de aspiraciones y pasado ignotos y de planes empresariales insondables; es la reflexión que hacen los trabajadores despedidos del semario catalán El Triangle al enterarse, por ese mismo medio que “El diario de Lleida ‘La Mañana’, que se encuentra en proceso de liquidación, podría tener como nuevo propietario un grupo empresarial catalán, vinculado al semanario ‘El Triangle’, que ha ofertado una suma que supera los dos millones de euros para hacerse con la cabecera de la publicación, con su unidad productiva y las instalaciones. La inversión total de la operación ronda los 2,7 millones.” La aceptación de la operación requiere del veredicto del juez que instruye el concurso de acreedores en que se halla el diario leridano.
Lo insólito es que El Triangle ha iniciado hace pocos meses el intento de una edición en castellano, paralela a la catalana, en los mismos momentos en que, según comunicado de sus trabajadores “han desmantelado las secciones de administración, se ha prescindido de los responsables de maquetación, diseño, corrección y de cinco redactores.” Además denunciaban que “los despidos se han efectuado de forma improcedente y, lo que es peor, después de no haber pagado varias mensualidades, que en algunos casos llegan a ocho” no habiendo asumido la empresa ninguna garantía de asumir su deuda ni indemnización por despido improcedente.
Además al no haberles comunicado sus cotizaciones a la Seguridad Social desde el pasado febrero, estos trabajadores se han visto en dificultades para el cálculo de las prestaciones de desempleo que les corresponden.
Àngels Gervilla, que aparece como la inversionista del nuevo El Triangle es una empresaria que procede del negocio inmobiliario, había operado en el de las subastas y de la compraventa de chatarra y esta es su primera experiencia, nada edificante, en el mundo de la comunicación. Ahora, la nueva aventura del diario leridano parece contar con el auspicio de una formación política.
Es difícil entender, sin malicia, los intereses que sustentan los que juegan con los medios y sus trabajadores.










