En el digital “encastillalamancha.es” el periodista Agustin Yanel muestra su vergüenza profesional “por el tratamiento que diversos medios de comunicación -sobre todo, cadenas de televisión- han dado a la muerte de la niña Asunta Basterra Porto.” Y señala que “Los profesionales de la información debemos hacer autocrítica, una vez más, aunque ésta no servirá para nada mientras en España no exista una normativa legal que permita sancionar estas lamentables conductas periodísticas, por supuesto garantizando la libertad de información y sin caer en la censura.”
Tras analizar el tratamiento dado a este caso y las vulneraciones deontológicas cometidas, Yanel apunta al fracaso repetido de la autorregulación.
“Cada vez que un caso como éste conmociona a la sociedad -¿se acuerdan del bochornoso espectáculo que ofrecieron algunas cadenas de televisión privadas a finales de 1992, cuando el secuestro, violación, torturas y asesinato de las tres niñas de Alcàsser (Valencia), y en el juicio posterior?- surgieron voces pidiendo que los medios de comunicación en general, y las televisiones de manera especial, se autorregulen y se comprometan a respetar unas normas éticas en una profesión como el periodismo, cuya importancia radica en que su cometido consiste en manejar un derecho fundamental: el que tiene la ciudadanía a recibir información veraz, tal y como garantiza la Constitución.
La experiencia ha demostrado que la autorregulación no sirve de nada. ¿Cuántas veces se han puesto de acuerdo las cadenas de televisión privadas para respetar los llamados horarios protegidos para la infancia? ¿Cuántas veces algunas cadenas se saltan a la torera esa autorregulación y emiten a media tarde programas vergonzosos de telebasura nada apropiados para los niños?
La ley establece que cada hora pueden dedicar 12 minutos a publicidad. ¿Cuántas veces los sobrepasan cada día de manera abusiva? En ambos casos, a las cadenas que habitualmente se comportan así les resulta mucho más rentable pagar la multa que les puedan imponer, en contadas ocasiones, y seguir vulnerando la ley: con unos minutos más de publicidad de los que tienen permitidos pagan todas las multas que les caigan y todavía ganan dinero.
Corren malos tiempos para el periodismo, una profesión de las más reconocidas hace años y ahora entre las menos respetadas por la ciudadanía. A este desprestigio contribuye, sin duda, la precariedad laboral cada vez más grave de los medios de comunicación, en los que todo vale con tal de vender o ganar audiencia. Con las excepciones que existen, naturalmente.
Esta falta de ética profesional por parte de algunos medios sólo podrá ser corregida y eliminada cuando exista en España, como funciona en muchos países, un organismo audiovisual independiente del Gobierno que tenga competencias para vigilar si los medios respetan las normas deontológicas del periodismo y, además, que pueda sancionar a los medios que no las cumplan.
Lo viene reclamando el Foro de Organizaciones de Periodistas (FOP) desde hace años, pero ni Zapatero antes ni Rajoy ahora quieren enfrentarse a los grandes grupos de comunicación, que se oponen a esta iniciativa. Esos em
presarios dicen, como excusa, que eso sería censura. No es verdad: eso sería nada más y nada menos que la garantía de que los medios de comunicación van a cumplir con su obligación de trasladar a la ciudadanía toda la información que sea de interés general, con veracidad y pluralidad, como establece la Constitución.
Los ciudadanos deberían reclamarlo allí donde puedan, porque ese derecho es suyo.”
Artículo completo: http://www.encastillalamancha.es/noticia/30594/wwwencastillalamanchaesrgonzoso










