La embajadora de Ecuador en España, Aminta Buenaño, ha enviado una carta a varios medios de comunicación españoles que considera que “cuestionaron y pusieron en duda la libertad de expresión en Ecuador” exigiéndoles que respeten las leyes del Ecuador y las sanciones aplicadas por el poder judicial ecuatoriano por “el delito de injurias calumniosas” que habría cometido el diario El Universo de Quito.
La embajadora señala que “Estos órganos han sentenciado una infracción penal común, mas no el ejercicio del periodismo como tal”.La señora Buenaño expresa que “La libertad de expresión no es un derecho absoluto que se erige por encima del derecho al honor de las personas, bajo esta consideración la propia Constitución determina la prohibición de censura previa, pero al mismo tiempo establece la responsabilidad ulterior”.
La sentencia en cuestión condenó a César, Carlos y Nicolás Pérez, directivos de El Universo y a Emilio Palacio,ex editor de la sección de opinión del diario, a tres años de prisión y al pago de una indemnización económica de 40 millones de dólares por el delito de injurias.
La demanda tiene origen en el editorial “No a las mentiras”escrito por Emilio Palacio donde negaba el levantamiento armado de la policía del 30 de septiembre de 2010 y el secuestro del presidente Correa y dentro de esas críticas expresaba, su rechazo del indulto a los amotinados que estudiaba el mandatario ecuatoriano.
Palacio escribía “Comprendo que el Dictador (devoto cristiano, hombre de paz) no pierda oportunidad para perdonar a los criminales. Indultó a las mulas del narcotráfico, se compadeció de los asesinos presos en la Penitenciaría del Litoral, les solicitó a los ciudadanos que se dejen robar para que no haya víctimas, cultivó una gran amistad con los invasores de tierras y los convirtió en legisladores, hasta que lo traicionaron.
Lo que ocurre en realidad es que el Dictador por fin comprendió (o sus abogados se lo hicieron comprender) que no tiene cómo demostrar el supuesto crimen del 30 de septiembre, ya que todo fue producto de un guión improvisado, en medio del corre-corre, para ocultar la irresponsabilidad del Dictador de irse a meter en un cuartel sublevado, a abrirse la camisa y gritar que lo maten, como todo un luchador de cachacascán que se esfuerza en su show en una carpa de circo de un pueblito olvidado.”
Por último, aportaba la acusación que ha dado lugar a la demanda personal del presidente Correa: “El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente. Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescribe».










