Un informe exprés responsabiliza al fotoperiodista Pablo Grillo que estuvo a punto de perder la vida por ese disparo.
na actuación administrativa de Gendarmería Nacional que empezó y terminó en sólo 24 horas concluyó que el disparo que dejó al fotógrafo Pablo Grillo al borde de la muerte en la marcha de los jubilados del 12 de marzo último fue un «hecho fortuito», accidental, producto de la «mala visibilidad» y afirma que la responsabilidad no es del cabo Héctor Guerrero, quien accionó el arma lanzagases, sino de la propia víctima, a quien describe ubicado «en la línea de tiro».
Guerrero sigue en funciones en Gendarmería, aunque no está claro cuáles son las que cumple ahora. El sumario concluyó que ni él ni sus superiores merecen «reproche alguno desde el punto de vista disciplinario». En la causa a cargo de la jueza María Servini y el fiscal Eduardo Taiano, no fue llamado todavía a indagatoria. La querella de la familia –representada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH)– pide que se lo cite por tentativa de homicidio agravado por abuso funcional, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público.
El análisis que hizo el colectivo Mapa de la Policía, con una gran recolección de imágenes de medios de comunicación y personas que fueron aportando las suyas, muestra que Guerrero disparó en forma horizontal, es decir, antirreglamentaria, a las 17.18 horas. Esa es la manera en que las armas menos letales, disparadas al cuerpo, pueden matar. En el caso de Pablo Grillo, el disparo del cartucho de gas lacrimógeno fue a la cabeza y a una alta velocidad. Algunos drones de televisión –como el de TN y el de A24– aportaron imágenes fundamentales para visualizar lo ocurrido. Servini, todo indica, quiere un peritaje adicional, oficial.










