Francia está viviendo movilizaciones sin precedentes como consecuencia de la decisión del Gobierno de François Hollande de seguir adelante con una reforma lateral que es rechazada por todas las centrales sindicales y trabajadores del país.
Este jueves pasado han alcanzado la máxima virulencia; “los principales sindicatos han vuelto a las calles de todo el país en plena escalada de la tensión con el Ejecutivo. La violencia ha hecho aparición en media docena de ciudades. Para el Gobierno, solo una minoría pone en riesgo “de forma ilegal” con esos bloqueos la actividad productiva del país, por lo que anuncia reacciones “de gran firmeza”, señalaba el diario El País.
El mismo medio señalaba que “Camioneros, ferroviarios, controladores y empleados del sector de la energía han sido de nuevo los más activos en las protestas. Más de un tercio de trenes no han cubierto sus destinos ni tampoco el 15% de los vuelos previstos. El miércoles, además, se votó a favor de paros y huelgas en las 19 centrales nucleares del país, de las que depende el 75% de la producción eléctrica.”
Por su parte, la huelga de controladores aéreos provocó la cancelación de 105 vuelos en el aeropuerto parisino de Orly, según la Dirección General de la Aviación Civil.
Lo piquetes de trabajadores han bloqueado carreteras y puertos en Nantes, Rennes, Cherburgo, Brest o Le Havre. En París, cientos de camiones han provocado colas de decenas de kilómetros de coches en torno a la capital, y al mediodía del jueves, centenares de miles de personas han participado en manifestaciones por ciudades de todo el país. En París, se han estimado en unas 100.000.










