«¡O Globo, el pueblo no es bobo!», este slogan contra el el grupo editorial Globo que fue coreado por primera vez hace veinticinco años -cuando el grupo apoyaba la dictadura militar- se ha vuelto a escuchar este mes frente a la sede del grupo ante las denuncias de estar detrás de las maniobras de desastabilización del actual Gobierno de Brasil.
Según distintos artículos de especialistas en comunicación el importante consorcio mediático y otros medios importntes como Folha de Sao Paulo consideran que la anunciada candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva son un peligro para sus intereses.
El pasado diciembre en la Conferencia Nacional de la Comunicación promovida por el Gobierno, Lula hizo pública su intención de elaborar un marco legal «más democrático» de la comunicación, un nuevo sistema de distribución de licencias que garantice el «pluralismo» mediático para evitar, según dijo, que «unos pocos grupos empresariales ejercen el control casi absoluto sobre la producción y divulgación de los contenidos informativos y culturales».
Asimismo, el Partido de los Trabajadores (PT) ya ha manifestado que dará su apoyo a la iniciativa popular del Fórum Nacional pela Democratização da Comunicação (FNDC) para sancionar la regulatoria “Lei da Mídia Democrática”, que pone su acento en eliminar la concentración de medios.
El Grupo Globo es el mayor grupo de comunicación sudamericano y uno de los cinco más importantes del mundo. Posee la omnipotente TV Globo, que con sus 122 emisoras llega al 99,5% de la población brasileña y se mantiene, año tras año, con audiencias muy por encima de sus competidoras, SBT y Record, a las que sólo les queda competir por el segundo puesto. El grupo es además el mayor productor de contenidos del país y posee el diario más vendido, O Globo, y más de un centenar de emisoras de radio.










