El Secretario General de Reporteros sin Fronteras (RSF), Christophe Deloire, ha remitido una carta al Secretario de Defensa de los EEUU, Ashton Carter, para «compartir con usted sus preocupaciones con respecto a ciertas disposiciones del Departamento de Derecho de Defensa del Manual de Guerra de Estados Unidos y su relación con los periodistas y la censura.» En el escrito se recuerda que «el manual dió lugar a críticas por el uso de la categoría «beligerantes no privilegiados» para incluir potencialmente a los periodistas. El término parece ser un sinónimo de los más comúnmente utilizados «combatientes ilegales» para designar una categoría de personas que no se benefician de las protecciones concedidas a los combatientes legales –miembros de las fuerzas armadas que se aplican correctamente las normas del derecho– y civiles.»
La misiva añade que «los periodistas normalmente se benefician de la misma protección que los civiles bajo las Convenciones de Ginebra, sus Protocolos adicionales, así como del derecho internacional consuetudinario. Este principio también ha aparecido en los manuales anteriores de guerra de Estados Unidos. El nuevo manual señala que «en general, los periodistas independientes y otros representantes de los medios de comunicación son considerados como civiles; es decir, el periodismo no constituye una parte directa en las hostilidades de tal manera que estas personas se verían privadas de la protección si se convirtieran en el objeto del ataque.
Al igual que cualquier civil puede perder su estatus de «privilegiado» por participar activamente en las hostilidades, lo mismo con los periodistas. Es precisamente en este punto que el nuevo manual adopta una postura peligrosa, afirmando que «en algunos casos, la transmisión de información (como el suministro de información de uso inmediato en operaciones de combate) podría significar que se es parte directa en las hostilidades». Esta terminología deja demasiado margen para la interpretación, poniendo a los periodistas en una posición peligrosa.
Reporteros sin Fronteras está igualmente preocupada por las disposiciones que equiparan el periodismo con el espionaje: «Informar sobre las operaciones militares puede ser muy similar a la recogida de inteligencia o incluso espiar». Comparar la actividad periodística con el espionaje es precisamente el tipo de munición utilizada por los países más represivos, como Irán, Siria y China, para apoyar sus prácticas de censura y de criminalización de los periodistas.
Una declaración de este tipo por parte del Departamento de Defensa es extremadamente alarmante, sobre todo teniendo en cuenta la influencia del Departamento, tanto dentro de los Estados Unidos como en las acciones militares en el extranjero. ¿Qué pasará cuando los gobiernos extranjeros que rutinariamente violan el derecho de la guerra y tratan de desafiar su mirada aplicando este manual para su validación?
El hecho de que el Departamento de Defensa justifique la censura del trabajo de los periodistas es, además, una barbaridad: «EEUU puede tener que censurar la tarea de los periodistas o tomar otras medidas de seguridad para que estos no revelan información sensible para el enemigo.» Los Estados Unidos, en realidad, tienen el deber de proteger a los periodistas que cubren conflictos armados, como establece la última resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre esta cuestión. Por lo tanto, estamos decepcionados de que este manual da un paso en la dirección equivocada.»
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El escrito termina instando al Secretario de Defensa norteamericano a que «consulte a las organizaciones de libertad de prensa y medios de comunicación con el fin de revisar las secciones relativas a los periodistas.»










