Mi historia con IB3 empieza antes de IB3. Era estudiante de periodismo, no tenía ni 20 años, cuando empezó a hablarse de hacer una televisión autonómica en las Islas. En aquel momento decidí que quería trabajar.
Era el año 2006 y la redacción hervía. Entré el día que cumplía 23 años y todavía recuerdo las ganas de todos, de una plantilla muy joven, pero que cada día afrontaba con ilusión el reto de hacer de IB3 una televisión de referencia. Nuestra televisión.
Nuestra lucha por la internalización fracasó después de sufrir los primeros recortes y despidos del 2008 en las concesionarias de los informativos y de los servicios técnicos. Pedíamos que fuera IB3 quién gestionara directamente un servicio público de información, puesto que así se conseguiría reducir gasto y obtener más garantías de pluralismo y calidad. La deuda de IB3 fue creciendo mientras se seguía despidiendo trabajadores para reducir el gasto.
A finales de 2011, una rendija de esperanza se abrió cuando el ente optó por un concurso público que garantizaría unos cargos directivos plurales y elegidos en función de la meritocracia. Pensábamos que se abría una nueva época donde unos buenos gestores, elegidos entre los mejores profesionales y en función únicamente de su currículum, apostarían por la información de calidad de manera austera e invirtiendo en producción propia. Sólo unos días antes del concurso ya se habían filtrado a la prensa los nombres de los nuevos cargos directivos del ente y de los servicios informativos. Muchos de ellos no contaban con ningún tipo de titulación oficial ni formación en el sector audiovisual. Esto se arregló con unas bases que se adaptaban a la situación y no exigían estudios para ocupar los cargos. Finalmente, se confirmaron, uno por uno, todos los nombres que ya se habían filtrado ante la decepción generalizada de muchos profesionales que también habían optado al concurso. Algunos de los nominados eran menos calificados que cualquier otro trabajador pero serían los que mejores sueldos tendrían y quienes se encargarían de gestionar y decidir el modelo del servicio de información público de las Islas. Los mismos que señalan, ahora, quién son los periodistas que no quieren en la redacción.
Un año después, los gestores de IB3 se han endeudado más de la cuenta. De los 30 millones de euros presupuestados para 2012 han gastado 46. Estos mismos directivos estaban obligados a dimitir por el exceso de deuda, pero una reforma de última hora a la ley aplicable a IB3 lo ha evitado. Ahora, la empresa concesionaria de los informativos ha hecho un ERE por el que ha despedido dieciséis personas para ahorrar cerca de medio millón de euros. El resultado ha sido dieciséis despidos de trabajadores para asumir parte de la deuda.
Estos trabajadores somos los que cada día veis por la calle, os preguntamos vuestra opinión y damos a conocer vuestras historias. Porque nos interesa lo que pasa en Baleares.
Mi historia en IB3 ha acabado con este ERE. Pero ahora, más que nunca, os aliento a ser espectadores de esta radio y de esta televisión, porque es nuestra y somos los ciudadanos quienes la tenemos que fiscalizar. A la clase política le pido que vele por una verdadera pluralidad informativa. A los responsables de los informativos les recuerdo que libertad de expresión es permitir que el otro pueda decir lo que no nos gusta oír. Porque sólo así tiene sentido un medio de comunicación.
Hoy IB3 ya es mi pasado pero espero que en un futuro sea la televisión de todos.
Ingrid Irles.










