La Comisión Nacional de Competencia (CNC) ha llegado a la conclusión de que la compra de La Sexta por parte de Antena 3 “genera problemas de competencia significativos en distintos mercados audiovisuales en España, especialmente en el mercado de publicidad televisiva, como consecuencia de la desaparición de La Sexta como operador independiente, el reforzamiento del poder de mercado de Antena 3 y la mayor capacidad de incentivos de Mediaset y Antena 3 para coordinarse tácitamente tras la operación de concentración”.
Ante lo cual dispone que la autorización de esa transacción solo será admitida si se cumplen una serie de condiciones como no emitir los mismos anuncios de forma simultánea en todas sus frecuencias; asimismo impide a Antena 3 «comercializar la publicidad de terceros, la obliga a gestionar de forma separada la publicidad de sus dos canales en abierto de mayor audiencia y a publicar cada tres meses su oferta de productos publicitarios, garantizando “la posibilidad de adquisición de espacios (…) de forma individualizada en cada uno de los canales”. La nueva empresa tampoco podrá condicionar las ofertas comerciales a la contratación de una cuota mínima de inversión o GRPs.
El tema es que la estrategia diseñada por la cadena de José Manuel Lara para la fusión se basaba, precisamente, en un modelo de pauta única de la comercialización publicitaria.










