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Un 1º de Mayo que, en el periodismo, muestra todas las miserias laborales

El Día Internacional de Trabajo llega este 2020 de una manera totalmente inesperada hace tres meses. Al margen de sus efectos más graves por la triste muerte de miles de personas, los efectos laborales y económicos son muy considerables. Y el mundo del periodismo no es una excepción. Y la pandemia sanitaria los señala con toda crudeza.

Por Francesc Rafols, secretario de Organización de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP). Articulo publicado en “El diari del treball”

Este año no habrá en la calle la tradicional manifestación del Primero de Mayo por las calles de las principales ciudades de todo el mundo. Ni que decir los motivos. Por estos lares hace un mes y medio que los conocemos. Muchas familias han sufrido estos días graves problemas. Desde los peores de todos, como es perder familiares y gente querida, hasta otros que han afectado nuestra vida laboral y profesional, social, deportiva, cultural … Las consecuencias económicas de todo ello costará superarlas y quizás hay quien no pueda hacerlo. Ojalá no sea así.

En el mundo de la comunicación, este 1 de Mayo, evidencia, en el ámbito laboral, todas las miserias que padecemos desde hace tiempo. En la FeSP celebramos siempre el 1 de Mayo conjuntamente con el 3 de Mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa. Consideramos que son las dos caras de la misma moneda. Sin condiciones laborales dignas, difícilmente los y las profesionales de la información podrán trabajar con la máxima independencia que requiere el derecho a la información de la ciudadanía.

Hemos visto estas últimas semanas la aplicación de un gran número de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE). Cierto que el mundo de la comunicación no es el único. El problema es que el sector aún no se había recuperado de la crisis económica de 2008 en la que al menos 12.000 personas perdieron su empleo, en porcentaje el segundo sector con más paro, tras el de la construcción. Pero a esta cifra oficial hay que añadir los estragos que provocó en el colectivo más desprotegido del periodismo, el de periodistas a la pieza y freelance. No se sabe cuantos más cayeron porque, simplemente, estadísticamente no existen, las empresas los esconden e incluso a menudo los tratan cm si fueran proveedores de tóner para las impresoras.

Pero mientras en muchos sectores económicos se consideraba la crisis económica ya superada, no sucedía lo mismo en los medios de comunicación. El descenso de la prensa provocó que los periódicos siguieran produciéndose recortes de plantilla y de sueldo en forma de ERE, tanto con «t» en el medio, como sin «t«. Y cuando apenas había diarios que salían de su último ERTE, como El Periódico, ha llegado la crisis sanitaria, con los efectos que todo el mundo conoce y sufre. Es decir, recortes sobre recortes.

Y además, con una contradicción institucional muy destacable. Los gobiernos -como mínimo el catalán y el español no estaban de declarar la importancia de la información durante la pandemia por coronavirus. Pero medidas para demostrarlo ni una. La Federación de Sindicatos de Periodistas pedía ayudas de las administraciones a los medios de comunicación para que no debiera haber ERTE y así las empresas pudieran contar con todos sus efectivos para garantizar a la ciudadanía una información de calidad en estos temas de pandemia. Pero también lo hacía la Federación Europea de Periodistas (FEP) y mientras en algunos países se han implementado medidas de ayuda a los medios y los profesionales de la información, aquí la proclama ha sido un brindis al sol.

Así, los ERTE han aplicado a trabajadores y trabajadoras ya con los sueldos rebajados fruto de regulaciones anteriores. A esto hay que añadir que en algunos medios las reducciones de jornada sólo han tenido efecto en el recorte de salarios, pero no en el tiempo de trabajo, ya que muchas empresas han presionado las plantillas para que cubrieran unos horarios más amplios. La precariedad que hay en muchos medios hace de difícil seguimiento estas irregularidades.

Por otro lado nos encontramos con la afectación más grave que la pandemia ha tenido en el sector de la comunicación en el ámbito laboral. Es la que sufren los y las periodistas a la pieza y freelance.Han visto como de un día para otro han perdido sus colaboraciones, sea porque ahora los medios han reducido el ámbito temático de sus contenidos en prácticamente todo lo que hace referencia al coronavirus, sea por una simple reducción de costes .

El problema es que este colectivo no dispone de ningún tipo de protección social, a diferencia de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno en los que los y las periodistas a la pieza y freelance tienen una cobertura social en función de los trabajos desarrollados . Las empresas pagan habitualmente cantidades muy bajas para estos trabajos ya menudo hay quien no se puede pagar con normalidad sus cuotas a la Seguridad Social como autónomos, lo que, por otra parte, no son.Los y las periodistas a la pieza son trabajadores/as por cuenta ajena a tiempo parcial y como tales deberían estar prevista su contratación si España, en esta cuestión, fuera un país europeo.

Esto provoca que en algunos casos haya dificultades para que las personas de este colectivo puedan acceder a las ayudas que las administraciones públicas han implementado para los autónomos. Si en esta cuestión, España dispusiera de normativas como las que hay en otros países, como mínimo habrían tenido las coberturas que tienen los que están en plantilla.

Además, el colectivo de periodistas a la pieza es un colectivo bastante feminizado. Esto implica que las mujeres periodistas que son freelance sufran una doble discriminación, como mujeres y como colaboradoras. Todo ello hace cada vez más inaplazable que desde el Gobierno se impulse de una vez por todas una Ley de Derechos Laborales del Periodismo que tenga como eje principal la regulación de la figura de los y las periodistas a la pieza y ponga fin a una injusticia histórica y impropia de un Estado democrático. Una ignominia, que ahora ha dejado un puñado de profesionales de la información a la intemperie, sin ingresos, sin ningún tipo de cobertura y con unas perspectivas de futuro muy inciertas.

Por ello, este 1 de Mayo telemático ha hecho que de repente todas las miserias del mundo de la información y la comunicación se hayan puesto sobre la mesa. Las administraciones públicas tienen que poner las pilas y remediarlo cuanto antes. No es tan difícil: Es dar cobertura social a los y las periodistas a la pieza y freelances con el objetivo de que cada vez que vienen mal dadas no queden con una mano delante y otra detrás.

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