El oficial de control antiterrorista amenaza con encausar a los periodistas y medios que publiquen filtraciones, aunque estás sean verídicas y de interés público.
La semana pasada, el periódico The Mail on Sunday publicó cables de Kim Darroch, embajador de Gran Bretaña en los Estados Unidos, en los que calificab de inepta a la administración de Trump; lo que llevó al presidente de Estados Unidos a tildar de «muy estúpido» y «loco» al diplomático británico, lo que derivó en la renuncia de este.
Esta publicación y sus consecuencias han provocado unas declaraciones de Neil Basu, el oficial de control antiterrorista más importante de Gran Bretaña, quien el pasado viernes 13, manifestó que la policía investigaría quién era el responsable de la filtración de esos cables y advirtió a periodistas y editores que podrían ser acusados infringir la ley si filtran más documentos.
Estos comentarios provocaron enojo y críticas de periodistas, editores y políticos que dijeron que se estaba poniendo en peligro la libertad de prensa.
La Society of Editors lo describió como un enfoque de mano dura que se esperaría de los regímenes totalitarios, y George Osborne, editor de London Evening Standard y ex ministro de Finanzas, lo calificó de «una declaración muy estúpida y poco aconsejable de un oficial subalterno que no parece entender mucho sobre la libertad de prensa ”.
No obstante, Basu emitió una nueva declaración el sábado, indicando que la policía respetaba los derechos de los medios de comunicación, pero reiteró el mensaje de que no debería haber más publicaciones de los documentos filtrados y otros que, según dijo, permanecen en circulación. «El objetivo de la investigación es claramente identificar quién fue el responsable de la filtración», dijo Basu, «ya que pueden ser una violación de la Ley de Secretos Oficiales (OSA, por sus siglas en inglés), y también un delito penal».










